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Educación financiera infantil: ¿Cuál es la edad ideal y qué instrumentos de inversión utilizar?

La educación financiera infantil es esencial para que los niños comprendan el funcionamiento del sistema económico y desarrollen una relación saludable con el dinero. Pero ¿cuál es el impacto real de esta enseñanza? ¿A qué edad deben comenzar a aprender? ¿Qué herramientas financieras son las más adecuadas?

Según Víctor Taveras, autor del libro “Pequeña alcancía, grandes inversiones: cómo enseñar finanzas a tus hijos”, la relación de una persona con el dinero se forma mucho antes de recibir su primer sueldo.

“Desde pequeños, los niños interiorizan conceptos como escasez y consecuencia, incluso sin manejar dinero directamente”, explica Taveras a elDinero.

El objetivo de educar en finanzas no es hacer que los niños sean “ricos de inmediato”, sino que desarrollen habilidades para tomar decisiones y autocontrol. Esto, asegura Taveras, puede prevenir comportamientos impulsivos y estrés financiero en la adultez. “La educación financiera comienza con decisiones, no con dinero”, afirma el creador de contenido financiero infantil.

¿Cuándo empezar?
Una de las grandes inquietudes de los padres es determinar el momento adecuado para introducir estos temas. Taveras indica que no hay una edad única; la educación financiera es un proceso gradual.

“Puede comenzar a los 3 o 4 años, cuando el niño ya entiende conceptos básicos como elegir y compartir. En esta etapa, se trata de enseñar decisiones, no dinero”, señala.

Entre los 6 y 7 años se puede introducir el uso de pequeñas cantidades de dinero. En la adolescencia, es posible implementar estructuras más formales, como presupuestos y responsabilidades. La clave, según Taveras, es adaptar el aprendizaje al desarrollo del niño.

El experto sostiene que la mejor manera de enseñar sobre el dinero es a través de la experiencia. Actividades como las mesadas con propósito, que no solo se utilicen para gastar, sino también para cubrir pequeños compromisos, son también recomendadas por Taveras.

Los juegos de rol, como mercaditos en casa, permiten a los niños comprar y vender en un entorno controlado, donde pueden experimentar las consecuencias de sus decisiones.

Taveras también sugiere mantener conversaciones financieras cotidianas en un lenguaje sencillo. Una técnica interesante es el canje de fichas, en el que los niños reciben fichas por tareas adicionales. Estas funcionan como una moneda que pueden gastar o ahorrar, lo que les enseña a priorizar y planificar.

“El objetivo no es que siempre acierten, sino que aprendan a pensar antes de decidir”, enfatiza. Además, resalta que ahorrar no solo implica guardar dinero, sino aprender a postergar la gratificación con un objetivo claro. “Lo más importante es crear el hábito”, expresa.

Instrumentos del ahorro
Taveras recomienda al menos cinco instrumentos financieros para hijos menores de 12 años, cuyo objetivo no es buscar rentabilidad temprana, sino aprovechar el tiempo a largo plazo. Entre ellos se encuentra la cuenta bancaria a nombre del menor. Explica que, aunque no es una inversión en sentido estricto, cumple una función clave: es donde se concentran aportes familiares, regalos, mesadas o ahorros ocasionales. “Ayuda a crear orden, claridad y sentido de pertenencia”, indica.

También cita los fondos mutuos con enfoque de largo plazo, que permiten invertir de forma diversificada y con gestión profesional. “Para niños, es razonable optar por fondos con mayor potencial de crecimiento, entendiendo que esto implica subidas y bajadas en el corto plazo, que el tiempo ayuda a compensar”, precisa.

Asimismo, exhorta a considerar los fondos inmobiliarios, que permiten invertir en bienes raíces sin comprar una propiedad directamente. Los fondos mutuos en dólares ayudan a proteger el ahorro frente a la devaluación de la moneda local y son útiles para metas futuras, como estudios u otros proyectos de largo plazo.

No obstante, Taveras enfatiza que la inversión más importante es la educación financiera del niño. “Ningún instrumento financiero sustituye el criterio. Enseñar a gastar, ahorrar, priorizar, esperar y entender consecuencias es lo que realmente permite cuidar y hacer crecer cualquier inversión futura”, puntualiza. Agrega que ese aprendizaje temprano es el verdadero interés compuesto: no se ve de inmediato, pero se multiplica con los años y hace que los niños, de adultos, sean más disciplinados.

A enseñar a sus hijos…

  1. Que todo cuesta dinero y esfuerzo. Tener temas sobre qué es el dinero, para qué sirve y cómo se obtiene, pero sin tabúes.
  2. Que el dinero no se toma. Enseñarles educación financiera en valores y no recibir dinero de la calle o familiar sin permiso de los padres.
  3. Cumplir promesas. Cumplir las promesas hechas a los niños una vez se salden las deudas existentes en el hogar.
  4. Cita financiera familiar. Abordar temas del presupuesto familiar, plan de saldo de deudas, vacaciones y establecer metas financieras.
  5. Paciencia. Ahorrar ayuda a los niños a entender que no todo se obtiene de inmediato y que los objetivos toman tiempo.
  6. Educación financiera. Enseñar a gastar, ahorrar, priorizar, esperar y entender consecuencias es la mejor inversión financiera a los hijos.