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Las mujeres son más fuertes que los hombres, aunque no exactamente como te imaginas

Generalmente, los hombres suelen levantar más peso que las mujeres. Aunque depende del grupo muscular. Internet está lleno de parodias de hombres que intentan usar después de una mujer la máquina de abducción, por ejemplo, y son incapaces de levantar su peso. Esta es otra cuestión; pero la realidad es que, en general, si consideramos fuerza como la capacidad para levantar un determinado peso, los hombres se suelen considerar más fuertes. Sin embargo, como bien ha explicado en su libro The Stronger Sex: What Science Tells Us About the Power of the Female Body la periodista científica Starre Vartan, desde otros muchos puntos de vista puede considerarse que las mujeres son más fuertes que los hombres.

En un artículo para National Geographic escrito a raíz de la publicación de su libro, comienza contando la historia de Deborah Clegg y Biff Palmer. Ambos son compañeros de profesión y de afición, ya que, además de científicos, son muy aficionados y bastante experimentados en el alpinismo.

En 2014, ambos publicaron un estudio sobre la resistencia de hombres y mujeres al mal de altura. Tomaron esta decisión tras darse cuenta que Deborah solía llegar a los picos de las montañas más altas con más facilidad que su compañero. A pesar de que los hombres se consideran más fuertes, ella mostraba una gran fortaleza para llegar a las cumbres. En su investigación descubrieron que los estrógenos minimizan los efectos del mal de altura por motivos que veremos más adelante. Pero esa no es la única ventaja de estas hormonas. Si bien presentan inconvenientes como una mayor gravedad de las lesiones ocurridas durante la menstruación, también está detrás de la fortaleza de las mujeres.

Evolutivamente, las mujeres se desarrollaron para ser capaces de sobrevivir a algo tan demandante para el cuerpo como el embarazo y la maternidad, pero sin dejar de cazar o recolectar. Porque sí, ellas también lo hacían. Vamos a ver algunos de los detalles que menciona en su libro Starre Vartan. Después, puede que te lo pienses dos veces si te planteas decir tajantemente que los hombres son más fuertes que las mujeres.

¿Qué descubrieron Deborah Clegg y Biff Palmer?
A medida que ascendemos sobre el nivel del mar, la presión atmosférica disminuye. Podemos visualizarlo como una menor columna de aire ejerciendo presión sobre nuestras cabezas. Esto supone que la presión parcial de los gases que componen la atmósfera, oxígeno incluido, también sea más baja. La concentración de oxígeno es la misma, pero, cuando disminuye la columna de aire y, con ello, la presión parcial de oxígeno, hay menos moléculas de oxígeno disponibles para su absorción. Por eso, respirar se vuelve más retador.

Nuestro organismo contiene un arma contra este efecto. Se trata de una proteína llamada factor inducible por hipoxia (HIF pos sus siglas en inglés), que se encarga de ayudar a nuestro cuerpo a adaptarse a esa menor disponibilidad de oxígeno. Es algo muy necesario, pero también tiene una cara negativa, ya que causa una gran inflamación, responsable de algunos de los síntomas del mal de altura.

mujer alpinista

Lo que vieron Clegg y Palmer en su estudio es que los estrógenos provocan una disminución de los niveles de HIF. No bloquean la proteína por completo, pues eso sería perjudicial, pero sí que promueven unos niveles suficientes para combatir la hipoxia, pero no tan altos como para que la inflamación llegue a causar síntomas muy evidentes.

La fuerza de las mujeres reside en la flexibilidad a muchos niveles
Cuando hablamos de flexibilidad lo primero que nos viene a la cabeza es la capacidad de hacer posturas imposibles de yoga. Pero, al hablar de la fuerza de las mujeres, la flexibilidad es mucho más amplia.

Para empezar, son muchos los estudios que hacen referencia a la flexibilidad metabólica de las mujeres. Esta es la capacidad de obtener energía alternativamente de las grasas o los carbohidratos, según lo que convenga más en cada momento. Los hombres también pueden hacerlo, pero es un mecanismo más eficiente en el organismo femenino.

Por ejemplo, a la hora de realizar un esfuerzo, el organismo masculino tiende a usar más habitualmente los carbohidratos como fuente de energía. Sin embargo, las mujeres recurren más frecuentemente a las grasas. Los carbohidratos nos aportan una fuerza muy explosiva. Suficiente para levantar una barbaridad de peso en el gimnasio. En cambio, las grasas son una fuente de energía que actúa más a largo plazo, por lo que puede que las mujeres no sean tan eficientes en el esfuerzo explosivo, pero sí cuando es necesaria la resistencia.

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Para que todo esto sea posible, las mujeres tienen más reservas de grasa en sus cuerpos. Esto podría parecer perjudicial. Sin embargo, son menos propensas a padecer enfermedades metabólicas.

¿A qué se debe eso?
Los hombres son ligeramente más propensos que las mujeres a padecer diabetes tipo 2. El sobrepeso también es más frecuente en hombres. De hecho, aquí sí hay una brecha algo mayor, con una incidencia del 77,1 % para ellos y del 69,4 % para ellas.

Todo esto ha sido muy investigado por científicos como la propia Deborah Clegg, entre otros. El motivo por el que se dan estas diferencias tan paradójicas reside en que las mujeres tienen más grasa, sí, pero mayormente se trata de grasa subcutánea o concentrada en las caderas y las extremidades. En el caso de los hombres abunda más la grasa abdominal. Esta es más peligrosa, pues rodea más fácilmente las vísceras, aumentando el riesgo de enfermedades metabólicas.

Para que una mujer llegue a tener mucha grasa visceral normalmente es necesario que engorde más. Eso hace que sean menos propensas a ciertas enfermedades metabólicas; pero que, cuando llegan a padecerlas, la gravedad sea mayor. Sea como sea, la realidad es que están más protegidas gracias a una flexibilidad metabólica que dura lo mismo que los niveles elevados de estrógenos. Con la menopausia, esta protección, por desgracia, va disminuyendo.

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Otros tipos más convencionales de flexibilidad
Más allá de la flexibilidad metabólica, la fuerza de las mujeres reside en la flexibilidad muscular. Esta es la capacidad de los músculos para flexionarse y se relaciona mucho más directamente con lo que conocemos tradicionalmente como fuerza. Y es que, al fin y al cabo, una baja flexibilidad muscular impide que los músculos completen sus rangos de movimiento.

Las mujeres también tienen una mayor flexibilidad articular. Este tipo de flexibilidad, conocida también como laxitud, puede aumentar el riesgo de lesiones cuando es muy extrema. Pero, antes de llegar a ese punto, es muy beneficiosa, ya que la capacidad de usar todo el movimiento de las articulaciones ayuda a optimizar la biomecánica articular e influye directamente en la generación de fuerza.

En definitiva, puede que las mujeres no tengan tanta fuerza explosiva. No las verás habitualmente levantando troncos, pero estamos aquí porque hace miles de años recorrieron kilómetros y kilómetros cargando con el peso de sus hijos, de una vida nómada y del cuidado de quienes lo necesitaran a su alrededor. Si eso no es fuerza, que baje Darwin y lo vea.